Desconozco aún en día porque el nombre de Carly Simon no aparece nunca en las quinielas de mejores singer-songwriter de los 70’s. Quizás por su viraje comercial en la década posterior, o por su tendencia a destacar los sonidos más pop por encima de los más enérgicos, o simplemente por su exuberancia física, muy alejada de los cánones habituales del género. Lo que sé con certeza es que Carly merece estar en lo más alto.
Con una carrera iniciada a mediados de los 60’s con profundas raíces en el folk, sus dos primeros discos “Carly Simon” y “Anticipation” (ambos publicados en 1971) llaman la atención de la crítica y de un público ávido de propuestas más íntimas y cercanas, con el reciente “Tapestry” de Carole King arrasando con todo.
Existen discos igual de buenos que “Tapestry” (1971) de Carole King pero no mejores…
“No Secrets” es la bomba que coloca a Simon en las grandes ligas, una delicia de álbum que aúna sensibilidad, ritmo y una instrumentación de altísima graduación. Grabado en los Trident Studios de Londres por iniciativa del productor Richard Perry, el disco es una “masterclass” de composición por una Carly Simon que interviene en la escritura de todas las canciones, con la única excepción de “Night Owl” de James Taylor, con el que acabará casándose solo unos días después de la finalización de la grabación.

“The Right Thing to Do” contagia amor y buen rollo, todo lo contrario que la celebérrima “You’re So Vain”, que hace historia a lomos del bajo de Klaus Voorman, la batería de Jim Gordon y los letales y no acreditados coros de un Mick Jagger al que había conocido apenas unas semanas antes.

“We Have No Secrets” engancha con su irresistible estribillo pop, “Waited So Long” supura boogie con la decisiva intervención de Jim Keltner, Nicky Hopkins y Lowell George y “It Was So Easy” suena a puro country rock.
Mención a parte para esa maravilla que es “Night Owl”: Bonnie Bramlett se une a Paul y Linda McCartney en los coros, el saxo de Bobby Keys impulsa a la composición hacia territorios soul y R&B y Nicky Hopkins demuestra el porqué es posiblemente el mejor músico de sesión de la historia, envolviendo con sus teclas un regalo de canción…
