Margo Cilker: “Little White Cross”

Margo Cilker ha encontrado en Texas el escenario y la compañía adecuados para dar forma a “Little White Cross”, su tercer álbum. Producido junto a Bruce Robinson y grabado por Steve Mazur en The Bunker, en Lockhart. La cantante y compositora de Washington se rodea de músicos como Eric Heywood (pedal steel y guitarras), Geoff Queen (guitarras), Lisa Pankratz (batería), Scott Davis (bajo), Emily Gimble (piano y órgano), Beth Chrisman (violín) y su hermana Sarah Cilker, cuyas armonías contribuyen a perfilar un repertorio que se adentra en la muerte, la violencia, la soledad y las dificultades de la vida cotidiana. Edita Fossil Records.

Escucha “Little White Cross” de Margo Cilker aquí:

La canción que da título al disco, escrita por Christy Hays, abre el recorrido con la imagen de una pequeña cruz blanca junto a la carretera, acompañada de flores de plástico y una corona dorada. Es el recuerdo de alguien que murió en un accidente, pero también una reflexión sobre la facilidad con la que la tragedia irrumpe en cualquier vida. Su melodía de country tradicional, de ritmo contenido, atrapa sin remedio. La guitarra y la pedal steel sostienen el relato sin distraer de una voz que sigue sufirendo. “Salgo a conducir en plena noche/ Haciendo todo lo posible por seguir con vida/ Piso el freno justo a tiempo/ Pienso en ti, estás en mi mente”.

“Ladybug”, escrita por Sera Cahoone nos trae la muerte de nuevo, esta vez a través de una ausencia repentina. ¿Fue un suicidio? ¿Un asesinato? No importa, Margo narra pequeños detalles de una ausencia que duele. La pedal steel de Heywood aporta una melancolía especialmente efectiva a una canción que encuentra su fuerza en esas cosas que siguen ahí cuando alguien ya no está.

Si no teníamos bastante drama todavía, “Molly and Me” acaba por arrasarnos. Cilker aborda las consecuencias de un tiroteo masivo desde la perspectiva de la mejor amiga de la hermana del autor de la matanza. La batería de Lisa Pankratz y el bajo de Scott Davis avanzan con un pulso fúnebre, construyendo una murder ballad a la altura de los clásicos. Cilker, sin exagerar el dramatismo, demuestra que sabe narrar con emoción y verdad. “¿Es esto de lo que estamos hechas Molly y yo?”, se pregunta tras la tragedia.

«Algo que he aprendido al convivir con rancheros es a mantener siempre un profundo respeto por quienes nos precedieron”. Margo Cilker.

“State Line” pone una marcha más, gracias a la guitarra de Geoff Queen. Una canción que adquiere un tono cinematográfico, con esos horizontes de carreteras y fronteras que definen a Texas. Excelente ejercicio de estilo muy cercano a los clásicos de Lucinda Williams. Pero, para clásico, el siguiente tema: “Walls”, de Tom Petty. La versión de Margo se apoya en una sección rítmica firme, guitarras con más cuerpo y un pulso de country rock que invita a avanzar. Cilker no busca clavar el original. Lo lleva a su terreno y encuentra en él una historia acorde con el disco, el de alguien que convive con sus contradicciones. “A veces estás feliz/ A veces lloras/ Una parte de mí es océano/ Otra parte de mí es cielo”.

En “Pauline”, otra composición propia, vuelve a demostrar su habilidad para construir personajes. La protagonista es una camarera y madre soltera de vida complicada. ¿Cuántos personajes así pueblan el cancionero americano? Cientos, sin duda. Pero, a pesar de eso, Margo sale airosa en otra historia con trágico final. Un vals lento y una interpretación contenida reflejan la culpa de quien lamenta no haber hecho más por ella. Pero, ¿hasta qué punto tenemos derecho a intervenir en vidas ajenas? “Road to Las Cruces”, de Ian Tyson, es una de mis favoritas. Su ambiente country western con toques de texmex, dibuja carreteras y paisajes abiertos. Cantando como los ángeles, borda una canción que habla de sueños que quizás jamás se cumplirán.

Kevin Carducci debutó hace unos meses en el sello de Margo con un disco muy recomendable. Ella versiona aquí su “The Money”. Una canción dedicada a la rutina de la clase obrera. Refleja algo tan sencillo como el cansancio de trabajar duro para regresar a casa con algo en el bolsillo. El tema tiene un aire más terrenal que los otros, pero se agradece un poco de normalidad en medio de tanta tragedia. Su estribillo es de los que se recuerdan, sin duda.

La pieza más experimental del trabajo es “Maryhill Peaches, Goodnoe Pairs”. Coescrita con su marido, Forrest VanTuyl, convierte los melocotones y las peras de la región en una reflexión sobre las relaciones, los vínculos y la vida compartida. El juego de palabras entre pears (peras) y pairs (parejas) sirve para relacionar las personas y el territorio donde viven.

“Wolves”, escrita por Stephanie Davis, es una pequeña sorpresa. Davis ha escrito hits para grandes del country como Garth Brooks y, en principio, no se le relacionaría con Margo. Sin embargo, es una buena elección para cerrar un álbum lleno de perdedores. “Señor, por favor, arroja una luz de esperanza/ sobre aquellos de nosotros que nos hemos quedado atrás”. Un medio tiempo que puede recordar a la mejor Emmylou Harris que sirve para cerrar uno de los mejores discos de la temporada.

Seis versiones y cuatro composiciones propias forman un conjunto en el que Cilker se consolida como una de las intérpretes más valiosas del momento. Bruce Robison mantiene una producción cálida y orgánica, grabada en cinta analógica, que permite a los músicos desarrollar las canciones sin pulir sus asperezas. Un disco que encuentra, entre historias de muerte, soledad y precariedad, razones para seguir mirando a los demás. Algo que, reconozcamos con sinceridad, cada vez hacemos menos.

“Las adversidades que antes parecían excepcionales —la violencia armada, los incendios forestales, el abuso— ahora son casi constantes. No siempre fue así. Parece que la frecuencia de las tragedias no deja de aumentar. ¿Cómo lograremos sobrellevarlo?”. Margo Cilker

Margo-Cilker3-by-Jon-Moore

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