The Rolling Stones – Dirty Work (1986)

Todo el mundo siempre ha puesto a parir el “Dirty Work” de los Stones, en una época donde la banda se encontraba un mal momento entre 1985 y 1986, con Mick Jagger centrado en una carrera solista, Charlie Watts sufriendo una leve adicción a la heroína, Steve Jordan tocó la batería en varias canciones, y un Keith Richards sobrio y rejuvenecido que chocaba obstinadamente con Jagger sobre la dirección de la banda. A mí nunca me pareció, y “Dirty Rock” siempre me pareció una pequeña joya oculta con temazos como “Sleep tonight”, “Too Rude”, “Dirty Work”, “Harlem Shuffle”, “Had it with you” o “One hit to the body)”. No alcanza el nivel de su época clásica, cualquiera que esté dispuesto a tolerar a los Stones de los 80 encontrará mucho que disfrutar.

Bill Wyman y Ronnie Wood como siempre estaba ahí, a pesar de todo el tufo ochentero con una producción pulida y sintetizada repleta de ruidismo y en el que Keith Richards dio un paso al frente y contribuyó con dos canciones: una de reggae (“Too Rude”, una versión) y una de sus baladas inquietantes y de ritmo lento, “Sleep Tonight”, a medio camino entre Billy Joel y Tom Waits, aparte de la versión de la oscura joya soul de Bob & Earl , “Harlem Shuffle”.

Se veía claro con esa portada que no auguraba nada bueno, “Dirty Work”, lanzado un 24 de marzo de 1986, tras “Undercover” en 1983, por desidia, por lucha de egos o por agotamiento en todos los sentidos, éste sería el último álbum en el que participaría el pianista colaborador habitual Ian Stewart, quien falleció poco antes del lanzamiento del álbum, donde también colaboraron en el disco Jimmy Page, Bobby Womack, Ivan Neville, Chuck Leavell, Ian Stewart, Jimmy Cliff, Don Covay, Patti Scialfa y Tom Waits entre otros a los coros. 

Mick Jagger y Keith Richards habían estado latentes desde principios de los 80, y para entonces apenas se hablaban. No hubo gira para promocionar este material, y Mick y Keith no se vieron durante tres años después de su lanzamiento. Durante ese período, cada uno siguió una carrera en solitario: Mick intentó capitalizar su estatus de estrella pop con “She’s the Boss” en 1985 y “Primitive Cool” en 1987 y Keith escribió la crítica más mordaz del rock desde la disputa entre Lennon y McCartney y su “Talk is Cheap” como respuesta en 1988 y su otra banda The X-Pensive Winos. Finalmente se reunieron para el triunfal “Steel Wheels” en 1989 y una gira mundial que lo acompañó, pero “Dirty Work” quedó relegado a la historia como un documento de los Stones en su momento más disfuncional.

El meollo de la disputa entre Jagger y Richards radicaba en el choque de dos filosofías artísticas. Desde que le arrebataron el control de lo que entonces era un grupo londinense de blues y R&B a Brian Jones, ambos habían equilibrado la ambición y el estilo de Mick, con su afán por la innovación y el espectáculo, con la devoción de Keith por la autenticidad cruda y conmovedora del blues. Sus mejores trabajos capturaron lo mejor de ambos mundos, combinando la emoción pura de Robert Johnson con el atractivo pop de los Beatles en discos como “Let It Bleed” y “Exile On Main Street”.

Sin embargo, en los años 80, las cosas empezaron a desmoronarse; Keith había pasado años luchando contra la adicción y problemas legales, con The New Barbarians a finales de los 70 y y los codiciosos ejecutivos de las discográficas le susurraban al oído a Mick sobre el éxito que podría alcanzar como solista, libre del peso de sus compañeros de banda. Durante la época de” Undercover” se observaron coqueteos cada vez mayores con la música pop y dance, pero la situación se descontroló en 1984 cuando Mick abandonó los Stones para grabar su primer álbum en solitario en contra de los deseos de Keith (el desafortunado “She’s the Boss” ). Esta supuesta traición impulsó a Keith a comenzar a trabajar en un nuevo álbum de los Stones prácticamente solo; Mick estaba centrado en su carrera en solitario. La mayor parte del material que se convertiría en Dirty Work fue recopilado por Keith con la ayuda ocasional de Ronnie Wood.

No lo considero el peor disco de la carrera de los Stones. Es mucho, muchísimo más desordenado que “Undercover”, pero el dominio de Keith en estas sesiones resulta en una mayor crudeza y momentos más animados, especialmente “One Hit”, que superan con creces las canciones bailables pregrabadas de ese álbum.

“Steel Wheels” fue una demostración de fuerza, pero también era irremediablemente derivativo de material anterior. Con el tiempo, desarrollarían una tendencia hacia álbumes de más de 60 minutos repletos de relleno. Los 39 minutos de “Dirty Work” son fáciles de digerir en comparación y no lo hace tan malo.

Está calor que el álbum muestra el capítulo más sombrío de la historia de los Stones y habría sido una despedida trágica si nunca se hubieran reconciliado.  Los años ochenta no fueron tan crueles con los Stones como con Dylan, Young y muchos otros. ¿El problema de este álbum? Su portada. Una vez que veas los calcetines de Ronnie Wood, nunca podrás olvidarlos.

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