Jack Moore, hijo del legendario Gary Moore, actuó el pasado 5 de Agosto en Madrid junto a su banda dentro de la gira “Jack Plays Gary Celebrating His Music Legacy”, un espectáculo concebido para rendir homenaje al legado musical de su padre. La sala Revi Live acogió una cita que registró una discreta asistencia de público. Acompañado por Quentin Kovalsky a los teclados y la voz y una sólida sección rítmica, el guitarrista irlandés ofreció un repertorio centrado en composiciones propias y temas de la etapa blues de Gary Moore. El concierto, de duración escueta y marcado por un desarrollo sin grandes actos reseñables. La conexión con el público llegó exclusivamente a través de la música. Jack Moore no se dirigió en ningún momento a los presentes, siendo Kovalsky el portavoz de la banda, permaneciendo concentrado durante toda la actuación en su interpretación a las seis cuerdas.
Es innegable que el principal atractivo de la gira sigue siendo el apellido Moore. Sin restar mérito al guitarrista, que demostró un notable nivel técnico y una ejecución solvente durante toda la actuación. La condición de ser “el hijo de” continúa siendo el principal reclamo de un proyecto que inevitablemente invita a la comparación. Sin embargo, la realidad es que su propuesta, pese al buen hacer de Jack Moore, dista de alcanzar la dimensión artística de uno de los guitarristas más influyentes de la historia del blues y el rock de las últimas décadas. Buenos guitarristas existen en abundancia, llevar el apellido Moore supone una exigencia adicional y más cuando su propuesta se centra en el legado de su padre. La voz de Quentin Kovalsky también estuvo condicionada por una evidente afonía, aunque el músico supo sacar adelante su papel como buenamente pudo.

El protagonismo recayó casi por completo sobre Jack Moore, que firmó algunos pasajes de gran lucidez guitarrística. Nos sorprendió que excluyeran algunos temas que tod@s esperábamos, incluso cuando estaban incluidos en el listado de canciones. Uno de los momentos más destacados de la noche llegó con “Still Got The Blues”, donde Jack Moore desplegó una interpretación de gran libertad expresiva. Sin embargo, más allá de ese instante, el concierto dejó pocos momentos realmente memorables. El resto de la banda cumplió con profesionalidad, aportando matices sonoros y una base sólida, aunque sin buscar protagonismo. El repertorio incluyó “Don´t Believe A Word”, un guiño a Thin Lizzy y al inolvidable Phil Lynott, recordando la etapa en la que Gary Moore formó parte de la histórica banda irlandesa. “Jack Plays Gary Celebrating His Music Legacy” o Moore interpreta a Moore, fue un concierto de versiones con el peso que conlleva apellidarse Moore. Dejó momentos de calidad y carencias, con la sensación de que podía haber sido mucho más.