Chris Pierce: “Songs for the Heavy Hearted”

El octavo disco de Chris Pierce, “Songs for the Heavy Hearted”; reúne de nuevo al equipo de productores David Resnik (el A&R que descubrió a Kyuss) y Niko Bolas (Neil Young). Además, el elenco de músicos que colaboran es de ensueño. Doug Pettibone (guitarras/Lucinda Williams), Stella Mozgawa (batería/Kurt Vile), Reggie Hamilton (bajo/Seal), Gabe Witcher (violín/Punch Brothers), Phil Parlapiano (acordeón, Wurlitzer, Rhodes/John Prine) y Dave Palmer (piano/Solomon Burke) configuran la banda de acompañamiento. Además, duetos con Allison Russell, Steve Earle, Grey DeLisle y Garrison Starr.

Escucha “Songs for the Heavy Hearted” de Chris Pierce aquí:

Es increíble que Chris Pierce no haya aparecido nunca en nuestra revista. Él ha sido una voz singular en la música de raíces durante más de dos décadas. A lo largo de ocho álbumes en solitario, numerosos proyectos paralelos, innumerables colaboraciones, giras teloneando a grandes como Neil Young o B.B. King, Robert Cray, … Pero, lo más importante, escribiendo poderosas canciones que han dado voz a los que no la tienen, aquellos que viven en el lado oculto del sueño americano.

En esencia, estas “canciones para corazones afligidos” son una carta de amor a los luchadores por la libertad de todo el mundo; su mensaje es que el amor, la alegría, la esperanza y la ternura no son cosas que debamos sacrificar para luchar por la causa justa. De hecho, son esenciales. Estas son lecciones que Pierce aprendió desde muy joven. Creció en un hogar interracial, cuando el matrimonio de sus padres aún no era reconocido legalmente en 16 estados, y de niño presenció la quema de una cruz en el jardín de su casa. Cuando tenía 15 años, desarrolló un trastorno auditivo que le causó pérdida auditiva casi total. Aun así, no se rindió.

Las nuevas canciones de Pierce nos ayudan a afrontar los horrores del mundo contemporáneo. Este sentimiento se expresa con elocuencia en el tema inicial, “This Sunlit Morning”, donde Pierce recuerda a sus oyentes que, sin importar las dificultades que atravesemos, debemos encontrar el rayo de sol en medio de la oscuridad. Con un sonido cercano al mejor Van Morrison canta que, pase lo que pase, hay que tener confianza. Mucho más cercana al soul, “First Day of School” repite el mantra «No dejen que maten a mi hijo», una plegaria que denuncia el temor al dejar un hijo en la escuela, temiendo por algún episodio de violencia.

“Madonna of the San Joaquin” es uno de los himnos definitivos de los tiempos del ICE. Pierce no solo señala al gobierno, sino también a todos los que le hemos dado la espalda. Vale la pena escuchar la letra con atención: es fantástica. En estas tres canciones ya podemos ver que una de las cualidades del álbum es su fantástica producción. Orgánica y siempre al servicio de las canciones. No hay florituras innecesarias ni artificios. Los excelentes músicos que participan están siempre al servicio de la canción y no al revés. “It Ain’t Ever Wrong To Be Free” es un grito de guerra en la tradición atemporal de “A Change is Gonna Come” y “Redemption Song”. Compuesta tras ver un documental sobre la música de la era de los derechos civiles, es una canción de la que Pierce está especialmente orgulloso. “Es mi himno”, ha declarado.

Pero a mí me ha impactado más profundamente “Kalief Browder”, uno de los mejores momentos del álbum. El tema habla sobre las injusticias sufridas por un joven negro que estuvo recluido en aislamiento durante 800 días por un delito que no cometió y acabó suicidándose. Dueto con Allison Russell, cuya extraordinaria voz se entrelaza sin esfuerzo con la de Chris. Además, su sonido está muy cerca del majestuoso “Outside Child” de Russell, obra cumbre de este siglo. El solo de guitarra de Pettibone es impresionante, al igual que el estribillo, lleno de emoción.

“Spirits All Over This Land” recuerda al mejor Joe South, con su country soul imbatible y un violín muy bien desarrollado. Le sigue “We Ain’t There Yet”, otro dúo muy soul, esta vez con Garrison Starr. Un himno de resiliencia en favor de la gente que lo intenta cada día como si fuera el último, aunque no tenga suerte. “Vamos a llegar / Pero aún no hemos llegado”. A pesar de su sencillez, «You Do Not Weep Alone» también emociona con su alegato contra el sufrimiento de los niños que sufren guerras. “Digan lo que digan los jefes de Estado/ Quién ganó o quién perdió o qué bandera permanecerá/ ¿Acaso importa? Cuando caen bombas donde juegan los niños”.

Después llega el dueto con Grey Delisle –“That Was My Pride– y la delicada “Yours Can Go With Mine”, compuesta junto Marc Anthony Thompson. Dos nombres asociados a la industria cinematográfica, y es que Chris está casado con la actriz Tara Buck. El disco encara su recta final con una cover del “Two Angels” de Peter Case a dúo con Steve Earle. La mandolina de Earle encaja perfectamente con las guitarras de Pettibone y el violín de Witcher ocupa el lugar del acordeón en la original de Peter creando una versión llena de belleza.

El disco finaliza con “A Soft Place to Land“, una de las tres coescrituras junto a Marvin Etzioni, bajista de Lone Justice. Un final a la altura del disco, con su historia de un hombre que, al final de la noche, vuelve a casa destrozado pensando que lo daría todo por un lugar seguro donde aterrizar. Canción tras canción, Chris nos atrapa con su capacidad de contar historias y nos pone deberes: recuperar una discografía muy poco conocida por aquí y llena de joyas.

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