Moses Rubin: Dulce equilibrio desequilibrado. «Subtle Atmospheres», nuevo disco

El nuevo disco de Moses Rubin y la potencia de su directo son noticias de primera magnitud en el panorama musical de nuestro país. Anoche dejaron huella muy honda en Madrid durante su concierto en la sala Costello de Madrid, abarrotadísima por un personal entregado en cuerpo y alma a esta revelación cargada de futuro gracias a su conocimiento del pasado.

Moses Rubin (realmente Moisés en inglés) no ha surgido de la nada: viene del amor al blues y esa buena educación se nota. Nació hace 26 años y sus padres le inyectaron de niño, cuando viajaban en coche, el Help de los Beatles, que le condujo a esa caída de dominó que tantos comparten: Clapton, Dylan, The Band (eso de Moses parece más cercano a The Weight que a la simple traducción de su nombre), Kinks, Cat Stevens, Pink Floyd o Fleet Foxes, entre otros del equipo médico habitual que sana tantas almas doloridas. El aroma clásico que se desprende de estos nombres no quita para nada el tono innovador y arriesgado de la música tan personal que elabora Moses con una madurez chocante.

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Se mudó hace tiempo a Inglaterra y su estancia en Leeds fue un master vital que le rescató para la causa sonora, espoleado también por el amor de una novia que, cosa meritoria, le empujó en el camino de vuelta hacia la música. Luego, poco a poco, de forma artesanal, con disciplina franciscana y la brújula del deseo firmemente aferrada a su mano, ha ido modelando su primer disco largo, Subtle Atmospheres, que suma ocho composiciones de primerísimo nivel. Dispone el CD de una preciosa portada, obra de Cecilia González, que miraba con arrobo a su chico en primera fila, abriéndose paso mediante los dialécticos codazos de Héctor, a quien me paso la vida agradeciendo cosas como la recomendación de estar aquí. Como todo en estos tiempos, han sido los amantes de la música los que han acoquinado su pasta para sacarlo mediante un crowfounding. Vaya país…

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El disco se ha grabado a comienzos de año. Se nota, tanto en el álbum como en directo, un trabajo exhaustivo, un obsesivo pulido de cada sonido, de cada acorde, de cada aliento. Son ocho años para parir este Subtle Atmospheres. Esa es la lección que impartieron anoche: no es cuestión de ser prolífico, sino de ser excelso en lo que se propone. Hay además planificación que no encorseta (lo mejor que se puede decir del arte de prever) para alcanzar un equilibrio desequilibrado, contradicción dulce que podría servir para definir el espectáculo entre milimétrico y volcánico que ofrecen. Cualquier espectador se preguntaba anoche ante el huracán sonoro si hay margen para la improvisación o si esto lo tocan de forma idéntica desde hace un lustro, por ejemplo. Quién sabe…

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Cinco barbas, dos camisas de cuadros, seis guitarras (con la santísima trinidad: Gibson/Les Paul, Fender y Epiphone), batería, dos teclados y bajo encajaban como un tetrix antediluviano en apenas 8 metros cuadrados del escenario del Costello. Esa ecuación de sexto grado funciona gracias al enorme amor que sienten por las seis cuerdas. Moses es un apasionado del instrumento, que domina con asombrosa precisión, si bien no deja que se mueva ni un pelo de su abundante barba cuando ejecuta unos solos sobrecogedoramente poderosos, mano a mano a veces con el organista, otro pilar fundamental en el sonido robusto de la banda.

Moses Rubin toca las guitarras acústica y eléctrica, además de ofrecer una voz contundente y perfecta para el sonido que genera el grupo, voz ligeramente grave y con capacidad para trotar por las escarpadas líneas dibujadas por los ritmos progresivos que caracterizan bastantes temas.

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La sección rítmica es pura famiglia, dos primos de sangre (Rodrigo García al bajo y Reto García a las baquetas), ambos al fondo, perfectamente compenetrados, contemplando esos focos sonoros que construyen mano a mano el órgano y las guitarras, la vanguardia de esta fórmula; David Velasco es la otra guitarra (el único sin barba) que contribuye eficazmente a solidez de los cimientos; Sergio Valdehita es un maestro absoluto a las teclas. En algunos momentos el público parecía asistir a un partido de tenis, girando la cabeza de los punteos de Moses a los golpes sobre el órgano de Sergio. Empate en el combate de belleza, con, una vez más, equilibrio desequilibrado.

Comienza la ceremonia con tres canciones acústicas. Moses está solo y Leeds rompe el silencio. Suenan a continuación los arpegios de My Room y Southern Land, con una línea de intensidad creciente que sube la temperatura musical.
D Woman, la primera canción que compuso Moses para el disco, años atrás, sube otro escalón y da paso a la irrupción de la banda. Es otro rollo, otro cncierto. Atacan Halfway Through con renovados bríos y el subidón de varias plantas se llama Friday, como corresponde a un buen viernes, la última que hizo para el disco.

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Surreal Deal, Shiny Coloured Waistcoat, Look Back, y Johnny Wiggins (dedicada a un músico con el que hacía bolos en bares ingleses) despejan toda duda. Estos seis tíos son algo muy grande que nos está pasando. Dan la puntilla con Everybody´s Lover, el momento culminante de la noche, que ya es decir. El talento en los punteos es desbordante, mientras las teclas meten baza con chulería desatada. Belleza, belleza con aristas, con raspones, con arte.

No baja mucho el nivel con Got to Get Better in a Little While (de Derek and the Dominos, alguno de cuyos miembros estuvo precisamente en The Last Waltz) y se pasa al fin de la primera parte.

El delirio en que dejan a los sudorosos asistentes se mantiene durante el escaso tiempo de descanso. No se hacen mucho de rogar para entrar en los bises. Sorpresivamente, suena Steppin´Stones, varios escalones rítmicos por debajo del instante previo a la pausa, como cuando se hace el amor y es preciso relajarse para pegar el salto definitivo al orgasmo, un éxtasis que llega justo después. Anuncian después a un misterioso invitado que va a salir por la puerta trasera. Qué bien miden estos hombres. Alguien del público grita: Van Morrison!! Y Moses entra al trapo: “Todavía no, pero en un par de discos más que haga este hombre…”. Entra en escena Germán Salto, no se sabe bien cómo dadas las dimensiones de las tablas, con su acústica de 12 cuerdas que suenan como 24, y es el momento de la explosión final: The Rain. Y vaya que si llueve. Chaparrón de música. Otras guitarras tormentosamente energéticas, Moses en pleno delirio, cabezas agitándose, música purificadora, gritos y despendole: todo se descompone en pura fiesta. Una fiesta que revive cada vez que suena este disco, un álbum y un concierto que están entre lo mejor que ha pasado en 2016.

Escucha el nuevo disco de Moses Rubin «Subtle Atmospheres» (2016)

Texto por Miguel López y fotos por Ana Hortelano.

 

 

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