Robert Jon & The Wreck : el precio de la (no) fama

Escribo la reseña del concierto que los californianos ofrecieron en Rocksound de forma tardía. Han pasado los días, y realizando un necesario flashback me reafirmo en las sensaciones y percepciones de lo vivido esa noche.

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Todas las bandas del planeta son un ente vivo, y como nos pasa a los humanos, a veces se nos presentan cruciales encrucijadas, cruces de caminos en nuestro ciclo vital en que tenemos que elegir una opción que devendrá decisiva en el desarrollo de nuestro futuro. En el caso de Robert Jon & The Wreck la dicotomía a que se enfrentan hace ya un par de años es clara: ¿seguir reinando en los circuitos secundarios, ganando adeptos año tras año, con ese irresistible melting pot que es la música de raíces americana, o aspirar a más?

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Tras unos primeros dubitativos pasos, la banda se ha postulado para acceder al trono que ya ocupan coetáneos como Blackberry Smoke, pero el precio a pagar ha sido demasiado alto. Cambios en la formación, una (excesiva) dulcificación del sonido y una errática elección de repertorio, versiones y tempo del concierto los sitúan en tierra de nadie. Demasiado insustanciales para el mainstream, y sin el Mojo necesario para los amantes del rock en su más pura entrega.

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Comenzaron concentrados y sin salirse del papel a priori asignado: “Going Down” sonó setentera y “High Time” se empapó en Soul, destacando la slide y las guitarras dobladas, pero las cosas se comenzaron a torcer con “Take Me Higher” , demasiado pulcra y con unos coros y estribillo en busca del aplauso fácil del público. En “Makes Me Wanna Yell”, otra canción de su nuevo álbum, se reencarnaron en la banda de Jerry Lee Lewis , y en “Old Friend” se reafirmaron en su voluntad de llegar a las FM americanas.

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La versión de “Come Together” fue el epítome de la indecisión en la que está sumida el grupo: estirada hasta el infinito, con demasiados crescendos (uno de los mejores recursos estilísticos del Rock, pero del que si abusas lo puedes llegar a aburrir), intercalando “Exodus” para la desesperación de los que pensamos que a veces menos es más. Una balada de manual como es “Coming Home” y una simplemente correcta «Runnin’ Down a Dream» del añorado Tom Petty dieron paso a su “Freebird” particular, un “Cold Night” donde recuperaron esencias doblando guitarras al más puro estilo Allman Bros, con esa cadencia tan típicamente sureña de la Marshall Tucker Band.

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En los bises una “Rollin’” que sonó a ese Rock con que Bob Seger dominaba las arenas en los 70’s y un “On the Run” para intentar reconvertir a los conversos de última hora. Estaremos atentos a los próximos pasos de la banda : Robert Jon & The Wreck , ¿ cabeza de ratón que cola de león?

Texto Albert Barrios. Fotos por José Figueres.

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