Entrevista a The Del Fuegos

“España ha sido increíble para nosotros, desde el primer concierto hasta el último que dimos”

The Del Fuegos siempre fue una banda muy querida en nuestro país. Todos los que crecimos escuchando el nuevo rock americano en los años 80 los recordamos con mucho cariño. Así que su vuelta ha sido muy celebrada. En su época supieron abandonar a tiempo antes de que los excesos acabaran con ellos. Dos de sus componentes acabaron un doctorado y se alejaron de la música. Los dos hermanos Zanes siguieron caminos muy distintos, pero igualmente interesantes.

Warren se convirtió en profesor universitario y escritor de libros musicales de gran valor. Su biografía de Tom Petty y su ensayo sobre “Nebraska” están traducidos al castellano. Dan, por su parte, encontró un buen nicho de mercado en los discos de rock dirigidos al público infantil. Muchas leyendas colaboraron en ellos. Si no los conocéis, vale la pena rescatarlos. Poco a poco, Warren volvió a la música grabando discos en solitario muy interesantes.

Así que aprovechando que vuelven por Europa y tienen varias fechas por España, aprovechamos para bucear en la historia de la banda, repasando algunas de las historias más significativas que han vivido en su larga carrera. Nos dejamos en el tintero la historia del famoso anuncio de cerveza emitido durante el Live Aid que fue tan polémico, pero es una historia que han contado muchas veces. Era mejor profundizar en otras anécdotas menos conocidas, como la curiosa amistad entre Tom Petty y su madre.

Podremos verlo muy pronto por España en las siguientes fechas:

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Comenzamos la charla con Warren, ya que Dan se ha retrasado unos minutos, así que aprovechamos para hablar con Warren, excelente compositor y un gran escritor de libros musicales.

Bueno, mientras llega Dan podemos empezar hablando sobre tu carrera, sobre tus libros y tus discos. Me encanta “Memory Girls”. Tengo el CD aquí, lo escuché mucho en su época.

Gracias.

Bromeabas en alguna entrevista diciendo que una de las razones para hacer el álbum era demostrarle a tu hermano de lo que eras capaz- ¿Todavía existe ese pequeño espíritu competitivo entre vosotros dos?

Ya no tanto. Pero es difícil librarse de cierta competencia entre hermanos. Creo que el truco está en asegurarse de que siga siendo una competencia sana. Pero en aquel entonces, cuando hice “Memory Girls”, tenía mucho que demostrar. Sabía que era un buen compositor. No sé de dónde venía esa convicción, pero sabía que podía hacerlo, así que simplemente quise demostrarlo. Ese disco fue muy importante para mí. Pero no creo que sea mi mejor trabajo. Creo que mi mejor disco, y si no lo tienes, intentaré meter uno en mi equipaje y llevártelo a España, es el tercero, “I Want to Move Out in the Daylight”. ¿Has escuchado ese?

Sí. Está en Spotify.

Lo hice con Brad Jones y Daniel Tashian.

¿Daniel, el colaborador en los grandes discos de Kacey Musgraves?

Sí, el padre de Daniel es Barry Tashian, que formaba parte del grupo The Remains. Aparecen en la recopilación original de “Nuggets”. Y The Remains fueron teloneros de los Beatles en 1965. Así que Daniel viene de esa estirpe. Su padre también tocó en la excelente banda de Emmylou Harris; una banda increíble. Por eso, ese disco es el que más me gusta. Pero respondiendo a tu pregunta: sí, hay competencia entre nosotros, y tal vez sea el hermano menor quien más la siente, porque, ya sabes, de niño siempre tenía que ir a remolque.  Creo que mi mundo cambió cuando Tom Petty realmente me dio un lugar en su mundo como compositor; sentí que si Tom Petty podía verme de esa manera, ya era hora de que yo mismo me viera así.

Has pasado muchos años escribiendo sobre otros músicos. ¿Crees que podrías escribir sobre The Del Fuegos o estás demasiado cerca de ella para escribir con perspectiva?

Es una buena pregunta. Creo que podría. Hemos reactivado nuestra página de Facebook.

Sí, la sigo. Hay grandes historias ahí.

Escribí bastante contenido para ella. Y creo que podría escribir algo sobre los Del Fuegos. No sé para quién sería, pero creo que la gente sigue interesada en las bandas, y a mí también me interesan; por eso escribí sobre Petty y por eso escribo sobre Springsteen: porque son artistas muy independientes que, sin embargo, han desarrollado sus carreras como líderes de banda. Así que tienen que lidiar con toda la gloria y toda la mierda, y todos reciben ambas cosas. Y, aun así, siempre quisieron tener bandas. Hay algo especial en las bandas. Son difíciles. Las odias, no quieres ver a los mismos tipos cada noche en el escenario… Y luego esperas esos momentos de trascendencia.

La gente habla mucho de tus libros sobre Tom Petty y Springsteen. Incluso están traducidos al castellano. Pero quiero hablar de uno que me gusta especialmente. Tu libro sobre “Dusty in Memphis” de Dusty Springfield. Ese disco me fascina. ¿Por qué lo elegiste?

Guau, has profundizado de verdad en mi carrera. Si conoces “Memory Girls” y has leído el libro sobre Dusty, ya eres mi amigo para toda la vida. Llegué a esa colección de libros a través de mi amigo Joe Pernice, de los Scud Mountain Boys y The Pernice Brothers. Él es un compositor realmente magnífico. Terminé haciendo el libro número 1 de esa serie, pero Joe llegó primero y fue quien me incorporó. Lo primero que dije fue que quería hacer el “The Kinks Are the Village Green Preservation Society”, pero el editor mencionó que había un escritor al que realmente quería incluir en la serie y que solo lo haría si le dejaba ocuparse de “The Village Green Preservation Society”.

Ya sabes, creo que solo hay siete libros en la colección y dos personas querían hacer el mismo álbum. Así que usé eso a mi favor. Les dije: “Mira, los dos álbumes que me vienen a la mente primero serían “Good Old Boys” de Randy Newman y “Dusty in Memphis” de Dusty Springfield”. Les dije que los dejaría elegir a ellos. Y, gracias a Dios, eligieron “Dusty in Memphis”, porque marcó un antes y un después para mí. Siempre me ha encantado ese disco; es realmente interesante ver esos álbumes que, ya sabes, fueron éxitos tardíos o inesperados. El disco no funcionó bien en su momento y, sin embargo, no cayó en el olvido; se convirtió en un referente para mucha gente.

Tiene muchísimo southern soul, pero al mismo tiempo incluye esas grandes baladas pop. No escucharías algo así en un disco de Carla Thomas ni siquiera en uno de Otis Redding. Ya sabes, esas producciones más grandes con arreglos de cuerda de Arif Mardin. Sentía que “Dusty in Memphis” abarcaba muchos mundos en un solo disco. Lo increíble fue que ya conocíamos a Stanley Booth, quien escribió las notas originales del álbum. Stanley me ayudó a contactar con algunas personas, pero cuando llegué a Jerry Wexler, el proyecto realmente despegó.

Conocer a Jerry y conocer mejor el álbum a través de él fue una experiencia maravillosa para mí. Mientras escribía el libro, día sí y día no, iba al buzón y encontraba un paquete de Jerry con cosas como una entrevista de hace treinta años con Sam Phillips y él mismo. Además, intentó enseñarme sobre jazz. Fui un alumno pésimo; aunque me enviaba libros, vídeos y CDs. Así que no solo pude entrevistarlo sobre Dusty; gané para mi vida a una persona que había vivido una de las trayectorias musicales más profundas de la cultura estadounidense. Y bueno, recuerdo que estaba de gira como solista teloneando a The Wallflowers justo cuando se suponía que debía escribir ese libro sobre Dusty y Memphis.

Y yo nunca había escrito un libro. Así que estaba algo aterrorizado, pensando que tenía que escribir cien mil palabras. Me despertaba en mitad de la noche preguntándome: “¿Cómo demonios voy a hacer esto?”. Pero al llegar a casa y revisar el contrato, vi que eran 25.000 palabras. Ese fue mi primer gran alivio como escritor: pensé: “Ah, esto sí puedo hacerlo”. Ese libro fue precisamente lo que me reconectó con Tom Petty, porque él lo leyó. Luego compuso la canción “Down South” para su álbum “Highway Companion” y me reconoció como fuente de inspiración, mencionando el libro de Warren Zanes. Incluso habló en la NPR con Jerry Gross y dijo: “Escribí esta canción gracias al libro de Warren Zanes”, y yo pensé: “Vaya, qué bien”.

Creo que ahora tu principal ocupación es la universidad.

Sí, aquí estaba, corrigiendo trabajos de mis estudiantes.

¿Y qué opinas de la universidad a nivel cultural? ¿Sigue siendo un lugar importante para la música en Estados Unidos como en vuestra época?

Sí, es una pregunta buena y difícil, porque entre mis alumnos veo a algunos que parecen motivados; tienen talento y ganas. Muchos de ellos… Sin duda, esta generación tiene mucho más material de estudio al alcance de la mano. Por lo general, el problema es que no tienen una escena musical. Hace poco vi esa película sobre The Strokes y Yeah Yeah Yeahs y aquella época en Nueva York y allí existía una escena.

Una escena implica la necesidad de un circuito de locales pequeños y de un público con afinidades comunes. De algún modo, responden a su momento histórico lo suficiente como para identificarse entre sí como grupo. No creo que tengamos eso ahora mismo. Pero es algo cíclico. Siempre vuelve. Sin embargo, sobre todo veo a mis estudiantes con ganas de componer canciones y actuar, con talento y buenos referentes, pero sin una escena.

Hablando de escenas, compartisteis sello discográfico con The Blasters, Los Lobos, Violent Femmes y Gun Club. Al repasar la historia del rock, Slash Records es uno de los últimos grandes sellos de rock estadounidenses. Tengo entendido que era un contrato bastante malo, pero queriais estar en ese sello. ¿Es cierto?

W: Ha llegado Dan, es su turno.

D: ¿Cómo estás? Siento llegar tarde. Sí, hablando de ese contrato, creo que era bastante malo, pero eso no era lo más importante para nosotros. Ni siquiera nos molestamos en enviar nuestras maquetas a otros sellos porque sabíamos que ahí era donde debíamos estar. Teníamos que estar en Slash. Y también creo que en ese momento pensamos: “Bueno, todo el mundo tiene contratos malos, así que ¿qué más da?”. Solo queríamos estar allí. Queríamos ir a Hollywood y empezar a grabar discos. Tenía sentido entonces. Y tiene sentido ahora, al echar la vista atrás.

Sí. Cuando eres joven, quieres estar en tu sello favorito.

W: Creo que eso se relaciona con tu última pregunta. También era una escena. Slash era un sello discográfico que representaba toda una escena. Cuando llegamos a Los Ángeles, todos vivíamos juntos en el suelo de una casa. Así que era un lugar natural para las fiestas. Allí estaban, ya sabes, Kid Congo, de The Gun Club y The Cramps; Steve Wynn y Dennis Duck, de The Dream Syndicate; John y Exene, de X; Dave, de The Blasters; a veces los chicos de Los Lobos, Peter Case, de The Plimsouls… todos estaban allí. O sea, nuestras colecciones de discos —las contemporáneas, ya sabes— acababan en la sala de estar durante las fiestas.

Creo que por la época tuvisteis un encuentro con Clive Davis, que os hizo una oferta para entrar en Arista. ¿Crees que vuestra historia como banda habría cambiado si hubierais firmado con él?

D: No lo creo. Creo que las cosas iban a seguir un determinado rumbo, pasara lo que pasara. No sé si aquel era el mejor sello de rock and roll de la época. Eran buenos para muchas cosas, pero no precisamente para el rock and roll. Pero creo que íbamos a seguir nuestro propio camino pasara lo que pasara.

W: Doy clases en la Clive Davis School. Y el primer día les conté la historia de nuestra audición para Clive Davis. La hicimos en la sala de estar de Dan; el bajista tocaba un bajo de cuerpo sólido, pero sin enchufar; yo tocaba una guitarra eléctrica de cuerpo sólido, también sin enchufar —así que realmente no se oía nada—; el batería tenía baquetas, pero golpeaba una silla; y Dan tenía una guitarra acústica. Tocamos unas cuatro o cinco canciones, quizá. Y Clive, allí mismo y a pesar de esas condiciones, dijo: “Quiero ficharos”. En realidad, no éramos conscientes de la importancia histórica de Clive Davis. Bueno, yo sí lo era, pero creo que en eso estábamos todos a una. Así que, visto en retrospectiva, resulta aún más extraordinario que aquello llegara a ocurrir.

El concierto en Badalona en el festival Blues & Ritmes fue un éxito tal que os animó a volver a Europa. ¿Sentís que existe una magia especial entre The Del Fuegos y el público español?

D: Creo que sentimos esa magia desde la primera vez que aterrizamos en España. España ha sido increíble para nosotros, desde el primer concierto hasta el último que dimos. Y creo que Badalona nos hizo ver realmente que teníamos seguidores deseosos de escucharnos tocar. No sé si éramos plenamente conscientes de ello hasta que fuimos allí. Para mí, fue la primera vez en mucho tiempo que la música sonó realmente fresca de nuevo. Pensamos: “Sería divertido seguir haciendo esto un poco más”. Si hay gente que quiere escucharnos, deberíamos hacerlo, porque es muy divertido. Y eso es lo único que buscamos ahora: divertirnos y ver si podemos sonar mejor que nunca.

W: También estaba el hecho de que nos alojaron en un hotel pequeño donde todas las habitaciones daban al mar. Y, ya sabes, por la diferencia cultural, todo el mundo se quedaba despierto hasta muy tarde. Todo fluyó de maravilla, pero no fue ninguna sorpresa que fuera España el país que nos convenciera para seguir haciendo esto un poco más.

En esta nueva época, tenéis a Claudia tocando los teclados. ¿Es una forma de darle un enfoque diferente a las canciones?

D: Así es. Ella ha estado cantando con nosotros y tocando los teclados, y creo que es divertido para nosotros por varias razones. Una es que para ella todo es muy nuevo. En realidad, no sabe mucho de rock and roll. Así que, ya sabes, a veces comenta cosas como: “Fue genial ver a David”. Y yo pregunto: “¿Quién es David?”. Ella responde: “David Alvin”. Y yo le corrijo: “No es David Alvin, es Dave Alvin”. Cosas así. O pregunta: “¿Quién es Pink?”. Yo digo: “¿Pink?”. Y ella responde: “Pink Floyd, ¿quién es ese?”. Así que surgen situaciones graciosas. Pero creo que está muy bien que no sea un club exclusivo de hombres. Creo que siempre es bueno en una banda que haya diversidad, porque aporta frescura y, bueno, creo que resulta divertido para todos nosotros.

W: Sí, contar con la voz de Claudia… Siempre habíamos tenido teclados y ella se encarga de esa parte muy bien. Pero no siempre habíamos tenido una voz como la de ella. Es como el clásico experimento químico: cambias un elemento y todo lo demás cambia en relación con él. Si no tuviéramos algo que generara ese pequeño cambio, no creo que estuviéramos dando conciertos.

Ayer estuve viendo el repertorio de los últimos conciertos. Hay versiones de clásicos como Harold Melvin, Charlie Rich y Dan Penn. Artistas afines a The Del Fuegos, pero me sorprende la versión de The Eagles, “Take It To The Limit”.  ¿Por qué esa elección?

W: Bueno, hace mucho tiempo, justo cuando me uní a la banda, dimos un concierto en Folk City. No recuerdo quién más actuaba, pero por aquel entonces Pat, de los Smithereens, se encargaba del sonido en Folk City; él era el técnico. Creo que fue idea de Dan tocar “Tequila Sunrise”. Así que ya habíamos hecho una canción de The Eagles. Pero cuando crecíamos —en los años previos a la llegada del punk rock, cuando estás descubriendo qué es tuyo y qué es de tu madre—, los clásicos de antaño tenían sentido.

Dan tomó la iniciativa en eso; en casa recibimos una educación musical escuchando música antigua. Pero cuando se trataba de música contemporánea, la pregunta era: “¿Qué es lo nuestro?”. Y durante un tiempo hubo una presencia muy fuerte de la Costa Oeste con Linda Ronstadt, Fleetwood Mac y The Eagles. Escuchábamos esa música y había muchas cosas buenas en ella.

Luego llegaron Petty y Springsteen, y eso cobró un poco más de sentido. Parecían traer de vuelta el sonido de los años 50 de una forma que la música de la Costa Oeste no lograba. Y después llegó el punk rock. Pero no olvidas; no es que cada nuevo interés borre a los anteriores. Es más bien una cuestión de acumulación: todo queda ahí, enterrado en esa pila de buena música. Imagina: sobre la base de los Eagles tienes el soul de los 60, el rock and roll de los 50, Tom Petty, The Slits, The Raincoats, The Clash… Pero los Eagles seguían ahí, en el fondo, y de vez en cuando recurríamos a ellos.

D: Cuando nuestra madre murió —hace dos años—, decidimos interpretar “Take It to the Limit” en su funeral. No es que fuera la canción perfecta para definirla, pero sí contenía mucho de su espíritu. Así que la hicimos. Y, para mí, cantarla junto a Claudia me hizo sentir realmente como un cantante; una sensación que ya no tengo tanto desde que ella dejó de cantar. Pero lo disfrutamos mucho. Además, ya no somos unos críos, así que no estamos intentando vender productos de la misma manera. Cuando eres joven, tienes hambre de otra forma. Así que pensamos: “Al diablo, toquemos “Take It to the Limit”“.

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Hablando de vuestra madre. Además de daros una gran educación musical, fue clave en vuestra relación con Tom Petty, ¿es verdad la leyenda que cuentan por ahí de que hicieron buenas migas gracias a su excelente hierba?

W: Oh, sí, es totalmente cierto. Ella no fumaba marihuana, pero creía que si la cultivaba para nosotros, nos quedaríamos en la granja en lugar de ir al pueblo y juntarnos con traficantes. Y creo que fue una buena idea. Tenía sentido. Tenía todo el sentido. Además, ella era jardinera, así que sabía cómo cultivar cosas. Pero, ¿sabes? Ahí es donde entró Tom Petty en nuestro mundo efinitivamente. Fue el punto de encuentro entre él y nosotros. Dos mundos muy diferentes hermanados gracias a la marihuana de nuestra madre.

Eso realmente ayudó a conectarnos con Tom Petty de una manera significativa. Creo que ese es un aspecto importante del legado de nuestra madre en lo que respecta a los Del Fuegos. Ella lo disfrutaba mucho; pensaba que él era una gran persona. Sentía que, cuando estaba cerca de nuestra madre, él sacaba lo mejor de sí mismo al contar historias. Recuerdo que se mostraba más animado que nunca cuando ella estaba presente.

Fuisteis los primeros clientes de Mitchell Froom antes de que se convirtiera en una leyenda de la producción. ¿Qué destacaríais de su trabajo en el estudio?

D: Creo que, para nosotros, fue la primera vez que recibimos ese tipo de orientación. Nunca habíamos tenido a nadie que nos ayudara a entender los arreglos musicales. Y Mitchell… Realmente lo tomábamos en serio porque era un tipo mayor; tendría casi treinta años. Así que era como una figura paterna. Pero realmente entendía cómo se estructuran las canciones, lo que nos permitió tomar el material en bruto con el que llegábamos y convertirlo en discos reales. Fue un proceso increíble, maravilloso. Sé que es así en mi caso, y probablemente también para Warren: siempre escucho su voz en mi cabeza cuando estoy armando la música. Ya sabes, las cosas que aprendimos de Mitchell fueron lecciones fundamentales sobre arquitectura musical.

W: Él ha sido amigo de todos nosotros hasta el día de hoy. Cuarenta años después, seguimos muy unidos a él y eso significa mucho. Y, simplemente como seres humanos, es algo hermoso. En cuanto a la producción, existen grandes productores que no son músicos, otros que no dominan realmente la parte técnica o de ingeniería, y otros que nunca han pisado un escenario. Nosotros tuvimos un productor que era —y es— un músico increíble, que sabía de ingeniería de sonido y que había actuado en escenarios. Además, componía canciones. La formación que recibimos de él fue integral, abarcaba todos los aspectos. No creo que nos hubiera ido tan bien con otro productor.

Pongamos algún ejemplo. Recuerdo estar en el estudio. Acababa de instalar su Hammond B3 y empezó a tocar la parte de Stevie Winwood en la canción de The Spencer Davis Group, “Gimme Some Lovin'”. Logró exactamente ese sonido característico del Hammond B3 saturado y potente. No conocíamos a mucha gente capaz de hacer algo así. Si intentábamos imitar a algún guitarrista, inevitablemente sonaba diferente porque no teníamos ese nivel de destreza.

Mitchell realmente sabía tocar; sabía conectar con la esencia de la canción. Él mismo manejaba la consola, aunque siempre trabajaba con ingenieros de sonido. Y, por si fuera poco, jamás llegó borracho ni drogado. Tenía una actitud de: “Voy a enseñarles algo a estos chicos”. Cuando estábamos trabajando, estábamos trabajando; había una gran seriedad en ello. Y eso era algo que tampoco habíamos visto mucho en figuras masculinas.

Se nos acaba el tiempo. Hemos hablado al principio un poco de la carrera de Warren en solitario. Me gustaría acabar con la de Dan. Durante años, mucha gente debió pensar que pasar de The Del Fuegos a hacer música para niños era un cambio radical. Pero yo disfruté de esos álbumes con mi hija. “76 Trombones” , “Nueva York” fueron álbumes estupendos cuando ella era opequeña. ¿Cuáles son tus mejores recuerdos de tu carrera en solitario haciendo música para niños?

D: Bueno, gracias por decir todo eso. Toda la experiencia fue increíble. Además, el batería de aquella época, Colin Brooks, estará con nosotros en España, lo cual es genial. Así que es una unión de dos mundos. Tengo historias y recuerdos muy buenos. Lou Reed, por supuesto; trabajar con Carol Channing y cantar “Hello Dolly” con ella fue increíble para mí. Angélique Kidjo y gente como The Five Blind Boys… Venían a mi casa, bajaban al sótano y grabábamos. La idea siempre era que sonara como si Debbie Harry o John Doe hubieran venido a cenar a tu casa. Y luego, después de cenar, apartábamos las sillas y cantábamos una canción. Todo surgía de forma muy espontánea.

A veces iba a ver a gente como Bob Weir. Fui al estudio de Grateful Dead y grabé con ellos. Me encanta trabajar con gente famosa, pero también me encanta trabajar con las niñeras de las Indias Occidentales que conocía en el parque. Sus aportaciones a esos discos fueron igual de importantes porque buscábamos el sonido del barrio. Y, ya sabes, en mi caso, en mi barrio vivían Sheryl Crow y Suzanne Vega, pero también a mucha otra gente.

Bueno, la verdad es que casi nadie consigue tener una etapa. Nosotros tuvimos la etapa de los Del Fuegos —y todo el mundo quería hacer lo que nosotros hacíamos—, pero luego viví otra etapa. Eso ya es un milagro. Pero después tuve una tercera etapa con Claudia y ahora hemos vuelto a la primera, la de The Del Fuegos. Ha sido toda una experiencia digna de vivir.

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Escrito por
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