Larkin Poe. Bofetada de realidad.

Hace escasas dos semanas tuvimos la oportunidad de disfrutar del que sin duda ha sido uno de los trallazos del año en la capital. La Riviera recibía en programa doble a Larkin Poe y a The Sheepdogs, y lo llamo así porque de ninguna manera puedo poner a Sheepdogs la etiqueta de teloneros. Ya conocíamos a los canadienses, no dudamos en asistir en fiel peregrinación a todas sus visitas porque es obligatorio. Pero también es verdad que el plato fuerte de la noche se le presuponía como cabeza de cartel a las de Atlanta.

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Puntualidad británica para la aparición de The Sheepdogs sobre el escenario. Y desde el minuto cero lo esperado, calidad por lo cuatro costados a base de hostiazos del mejor rock and blues sureño americano. Nada que no conociéramos, pero ¿quién dice que no a la posibilidad de volver a tener los pelos erizados durante un buen rato con una sonrisa en la cara?. Qué maravilla más absoluta. Asistimos boquiabiertos a un show que no tiene descanso y que va enlazando sus temazos uno tras otro. Una puesta en escena a la altura de las grandes bandas americanas. Un show que bien podría abanderar el mejor festival internacional.

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Sheepdogs ponen en la retina automáticamente a bandas de la talla de The Allman Brothers Band o Lynyrd Skynyrd. Pero además le dan un toque propio que te hace decir: “Coño, los Sheepdogs, ¡qué buenos!” Una maravilla que despliegan a base de dos guitarras, teclado, batería y espectacular bajo. El luminososo que reza “ The Sheepdogs” gobierna vigilante un escenario que han hecho suyo desde el primer momento. Los fans que han venido a ver a las Larkin Poe están flipando de la misma manera que fliparíamos luego los que hemos venido a ver The Sheepdogs. Y así, como siempre el bolo de los canadienses no tiene ni un solo pero, es simplemente una gozadera.

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El desmontaje del escenadio de los perros pastores lleva su tiempo porque montan un tinglado muy guapo. Aún así Larkin Poe salen al escenario también puntuales a su cita. Sobre un escenario, al contrario que los Sheepdogs, minimalista. Una configuración limpísima, de grandes espacios y sin artificio alguno. Las hermanas Rebecca y Megan Lovell aparecen sobre el escenario vestidas en ese mismo blanco. Megan con su característica guitarra Lap Steel Slide, Rebbeca con una Strato. y acompañadas únicamente por batería y bajo.

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Estábamos tan tranquilos con un «bueno, vamos a ver qué pasa» en nuestras cabezas. Desde que que sonó el primer acorde y el primer riff esas mismas cabezas nos bolaron durante casi dos horas de paseo por una delicia musical que no nos esperábamos.

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Con la misma facilidad que nos resulta respirar al resto de los mortales estas tipas se marcan un bolazo que recorre todas las raíces americanas. Desde el rock más sucio, empapado en grasa, hasta el swim de los 50 pasan por sus dedos. Incluyen en su show guiños a capela y un set íntimo con un «viejo» micro de condensadores cincuentero y contrabajo. Al «respetable» le cuesta mantener la boca cerrada a pesar de las suplicas de Rebbeca. Parece que sentaditos en un teatro lo normal es respetar a los artistas, pero en una sala toda esa basura postureta que puebla estos eventos se desata con todo tipo de gritos y charlas interminables a las espaldas de los que hemos ido a disfrutar. Se trata de un homenaje a aquello que sienten más suyo, ese «southern confort» que han reflejado en ese maravilloso EP: «An Acoustic Companion». Mención especial merece el tema «Stubborn Love», una canción dedicada al amor que ambas hermanas se procesan, una explicación de como eso les ha sacado de situaciones complicadas. Y es que los lyrics de ese tema te ponen la piel de pollo: «I know you and you can live without me, but when we come together I know we’re better. I know you and you can find your own way, but when we find it together I know it’s better. Every time we fight in the hotel room stubborn love keeps pulling us on through». La golosina lo terminan con una versionaza del «Crocodile Rock» de Elton John que poco a poco transforman en eléctrico para seguir con el bolo.

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Larkin Poe, nacidas en el norte de Georgia, hacen alegatos a esa música sureña que les vió nacer y al orgulloso hecho de que dos féminas puedan darnos esa bofetada de rock and roll. ¡Olé sus ovarios!. El estado del melocotón ha visto nacer a lo mejorcito del género y toda su música está impregnada de esa maravilla. Rebbeca y Megan se han mudado a Nashville por las evidentes razones que imponen grabar estas producciones en ese maravilloso rincón de Tennessee. El homenaje al blues más desmedido viene con una versión tremenda del clásico de Son House, «Preachin’ Blues».

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Honestidad desmedida que nos ha dejado flipando. Salimos de la sala flotando y somos «instant fans» de estas chicas desde el minuto cero. Lo de esa noche en La Riviera fue una auténtica bestialidad que no acertamos todavía a describir. Probablemente el bolo del año en sala. Boquiabiertos durante tres horas con el cocktail que nos prepararon. Larkin Poe se marcaron en Madrid su concierto fin de gira con una mezcla de rabia y buen rollo por los cuatro costados. Bañadas en honestidad, amor y respeto por las raíces que las han visto nacer. Un ESCÁNDALO. Las hermanas Lovell son de otro planeta. Qué sorpresa más deliciosa. Deseando estamos que publiquen su siguiente loncha y vengan a vernos. Hallelujah!

Texto y Fotos: Javier Naranjo

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